22.12.12

Blessed.


Maldita tu manía de colarte entre mis palabras y robármelas una a una con ese mar en calma.  Maldito tu mar por alborotar mi café, y maldito mi café por querer ser bebido por tus labios.  Malditos tus labios por susurrar azul en mis oídos. Malditos mis oídos por estremecerse en tu melodía. Maldita tu melodía por buscar los acordes en mis suspiros, y malditos tus suspiros por jugar con las ideas de mi pelo. Maldita la idea que tuvieron tus brazos de buscarme la primera vez. Maldita la primera vez que decidí que aquella cárcel era libertad.

Malditas mis ganas de no echarte de menos.
Malditas mis ganas de decirte que te quiero.

4.12.12

Lava.

Contó la sirena al viento
lo que el mar no quiso confesar,
que sus aguas buscaban la arena
de una dulce mañana de sal.

Volaron gaviotas de día
tejiendo redes al alba
con suaves estelas de deseo
que eran sus ojos de lava.

Susurró la sirena,
me arrulló el mar,
me perdí en la arena
y en tu sabor a sal.

Aleteó una gaviota,
que antaño cantaba
en suspiros de alma rota,
la sinfonía del alba.

Cuerpo plagado de estelas,
inocente mirada de estrellas,
certero deseo
de ojos de fuego,
mirada de incienso
y delicado «te quiero».

18.10.12

Mírame.

La pequeña fracción de segundo en que dos desconocidos intercambian una mirada. La primera y la última, o la primera de muchas.

Las chispas de una historia en color sepia. Las aristas de un par de canciones en verano. Un microclima del que sólo entienden las retinas y un latir que no comprende de la profundidad de sus pupilas. El fervor del viento y la eterna duda en su regazo. Voces intercaladas en ecos que rebotan y se entrelazan en su propia bipolaridad; que no saben si vienen o si van. Hojas de calendario indecisas. Guitarras que un día corearon su nombre y notas que cambiaron de cuerdas a las que cortejar.

La pequeña fracción de segundo en que dos conocidos intercambian una mirada. No dejes que lo que tuvo una primera, tenga también una última.

14.10.12

Deshaciendo nudos.

Tenía ganas de que lloviera, como siempre. De que la melancolía me cogiera en casa, en el salón, con una manta y una taza de chocolate entre las manos. Tenía ganas de que hoy el cielo me acompañara, y de que sus aguas me susurraran que estuviera tranquila. Que no pasaba nada. Que tal como ahora empapaban las baldosas, al día siguiente ya se habrían evaporado. 

Y es que el gris es así. Flota. Va y viene. A veces nos cala. Otras, nos coge en la cama. Pero se seca, se va. Nos deja su olor y lo sustituimos por canciones y el tamborilear de los dedos. Por sonrisas y un improvisado baile en el corazón.

Pero tal como ronda el gris, lo hace también el azul del cielo, el candente dorado del sol, y el húmedo verde de los árboles que madrugan. Flota, gris, flota, que yo dejaré los pies en la tierra.

8.10.12

Concierto para el alma.

No ser alto,
no ser bajo,
no ser gordo,
no ser flaco.

Saltar con cada verso,
raspar cada palabra,
acariciarlo como un beso
y no estar solo ante la nada.

Ser voz,
ser corazón,
ser alma,
no ser razón.

Lanzar el puño al aire
y que no replique nadie.
Gritar tus sentimientos
y que no se los lleve el viento.

Ser voz.
ser corazón,
ser alma,
ser canción.



4.10.12

Sistema Persolar.

Asomar la cabeza fuera de tu mundo y preguntarte por el de los demás. 

Escuchar su música, oler su perfume y leer su mirada cuando pasa a tu lado. Imaginar. Inventar. Volar hasta ellos y hurgar en el satélite de sus recuerdos. Acariciar cada cráter con el dedo. Descubrir en su bufanda un asteroide con nombre y apellidos, y en su trenza el amor del Sol. Que su pestañeo te susurre que ha llovido, y su órbita te grite que no le importa. Dejar que te despeinen sus vientos del sur, y que los del norte te dejen congelado. Tomar fotos del viaje. Y que nunca se te olvide.

Meter la cabeza de vuelta en tu mundo, y sembrar.

6.9.12

"¡Hostias!"

¿Y ahora quién me va a hacer a mí tus huevos fritos? ¿Y quién me va a comprar copas de chocolate y nata de ocho en ocho? ¿Quién me va a recordar cada vez que salga que "una buena patada en los cojones" es la mejor defensa? 

Qué suerte he tenido de disfrutarte dieciocho años. De que me llevaras al cole de la manita y de tu arte culinario. De que me cuidaras. De las mañanas en casa. De tu coquetería. De los plátanos en la cabeza. De tantos días de verano en los que te desordenaba el salón. De los trajes de princesa, los cumpleaños y las Navidades. De poder cuidarte. De tus plantas. De los fines de semana en el pueblo. De tus rulos. De los "vals" bajo la luz de lámpara. De nuestros juegos. De las cerezas como pendientes. De las tardes en casa. De tu energía y tu malhablar. 

Porque sí, yaya, desde mi posición parecías imbatible. Nada era rival. Eras fuerte y resuelta. Un vendaval frente a otro. Dueña de tu casa. Ama de tus plantas. Señora de tu cocina.

Tuviste fallos, y lo sabes, pero de eso va querer a alguien, ¿no? De hacerlo con todos sus aciertos pero también con todos sus errores. Y ya que los errores a estas alturas no valen para nada, tu mejor acierto ha sido ser madre de tus hijos, mujer de tu marido, y por lo que a mí respecta: mi abuela.

Te quiero.