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26.1.12

Anochece.

Un rostro blanquecino que sucumbe al paso de los años en forma de arrugas y esa casi permanente barba de tres días. Rostro inexpresivo, las manos en el regazo, los ojos de quien ha perdido la ilusión; de quien parece creer que la vida ya no tiene nada que enseñarle; de quien parece creer que ya nada puede sorprenderle; labios  tensos que rehúsan cambiar de posición, voz quebrada entre acordes anodinos de quien parece no saber lo que la vida puede ofrecer; de quien parece no saber lo que pierde. A veces dejas caer una sonrisa de soslayo, y dura, y dura, pero me cuesta arrancártela mucho más que antes, cuando tenías luz, la misma que se va apagando poco a poco y de manera irremediable; la misma luz brillante que ya sólo disfruto en fotos; la misma luz brillante que ya queda allá a lo lejos...

...la misma luz brillante de la que casi no me acuerdo.

18.12.11

Y la plaza Mayor ardió en dolor.

La tomaron por princesa encerrada en una torre. A ojos de todos fue aquella quien requería de la ayuda de un héroe para ser salvada. Pero nunca nadie logró rescatarla de la que durante años había sido su morada, así como tampoco regresaron cuerdos de intentarlo. Culpa suya fueron las guerras de las que yo fui partícipe al no tener otra opción. Cada príncipe que marchaba en su busca, ya fuera guapo, feo, fuerte, débil, inteligente o menos ágil mentalmente, volvía convertido en algo cruel, frío y calculador, certero, tajante, seco. Su mirada reflejaba un vacío poblado de furia, locura, muerte y el filo de su espada.

Ocurrió años después. Un día en que el sol abrasaba con insidia a los habitantes del pueblo, la vi. Más bien, la vimos. Caminaba lentamente a través de la plaza Mayor, con su mirada de extinto otoño en ristre y la nariz en alza. Todo a su paso enmudeció como lo hace un adolescente cuando se da cuenta de que el mundo en el que vive no es el que él cree, no es el que ha creado. Vientos tormentosos se despertaron a su alrededor y se entornaron hacia su imponente figura los ojos de quienes a causa de ella tanto habían luchado y tanto habían perdido. Sus labios fruncidos sobre su tez de porcelana se relajaron y dieron paso a un suspiro. Y después... después lo supe todo.

Su voz estaba envenenada.