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8.4.12

Music Player ► ▌▌ █▌

++++++. Perfecto. Ese es el volumen que necesitas. El que hace que tu única preocupación sea la historia que cuenta esa canción, y no la tuya. El que hace que el exterior enmudezca, y con él tu malestar. El que hace que el mundo aligere su peso sobre ti. Porque cuando te sientes solo, roto, débil, cuando sientes que no eres suficiente, cuando sólo tienes ganas de gritar, la música grita contigo. Ella se acondiciona al ritmo de tu corazón y siente como tú sientas. Y puebla tu soledad, y colorea lo que ha quedado en ese triste recuerdo en blanco y negro recién salido de una Polaroid.

Chilla otra vez. Berrea. Siéntete todo lo mal que quieras. Húndete con la guitarra como compañera. Pero luego salta, respira, siente y ríe, que el mundo ya pesa demasiado con sus juegos sobre tus hombros adolescentes.

En definitiva: vive. Porque si cantas con la música, la vida cantará contigo.

6.2.12

Quiero enamorarme.

¿Sabes? Hoy he decidido que quiero enamorarme. ¿Qué te parece? Imagino que una tontería… pero hacía tiempo que lo necesitaba. El pensar en una persona a cada momento, olvidando dónde estás y qué es real o imaginado. El ilusionarte por las más simples palabras o los más tontos detalles, solo porque vienen de esa persona especial. La verdad, no busco algo correspondido, o no por ahora al menos. Sería demasiada suerte tratándose de mí, ya que últimamente ésta no me ha querido acompañar. Asique busco algo unilateral, ¿entiendes? Solo existente por mi parte y en mí misma. Porque he decidido que quiero enamorarme, de la misma forma, que he decidido que tienes que ser tú de quien lo haga.
                                                                                                                                             -A

No, hoy no es Synesthesia, hoy es "A".

19.11.11

Vamos, dame la mano, seamos libres.

Psst, psst. Ven, sígueme, tonta. No tengas miedo, yo estoy contigo. No, no van a pillarnos, ésta vez no. Las últimas dos noches en tu ausencia me he dedicado a informarme de los turnos de cambio de los guardias y de las reuniones de mis hermanas y mi prometida. Ha salido perfecto, los vigilantes acaban de hacer el relevo y doy fe de que las mujeres de la casa están tomando una infusión en el salón. ¡Así que sonríe, pequeña! Vamos, quítate ya la capucha. Oh, estás preciosa, vaya que si lo estás... no tienes ni idea de lo que hace la luna en tu piel, amor. ¿Que qué quería decirte? Ah, sí, es cierto. Me despistas, amapola, me despistas. ¡Ya sé que no te gusta que sea pasteloso! Lo hago porque sé que te molesta, y estás muy graciosa cuando arrugas así la nariz, flor de primavera. ¡Ya paro, ya paro! Vale, también bajaré la voz... pero dudo que el jardinero pueda escucharme ahora, tiene un affaire secreto con la jefa de cocina y se ven todas las noches. ¡Casi como nosotros! Claro que ellos son más rústicos y... ¡sí, sí! ¡El tema! Estás hoy muy agresiva, corazón, ¡me va a salir un cardenal en el brazo a este paso! Bien, te plantearé el asunto: yo te quiero y tú me quieres. ¡Qué digo de querer! ¡Yo te amo! Así que está claro, ¿no? Fuguémonos. ¡Oh, claro que sí! ¡Sabía que aceptarías! Vámonos ahora, amor. No te preocupes por la ropa, he preparado un carruaje sólo para ti y para mí. Ay, amapola... ¿que no te llame qué? ¿Amapola? ¿Amor? ¿Flor de primavera? ¿Corazón? ¿Mi suerte? ¿Mi razón? ¿Mi vida? ¡Auch! No esperaba un pisotón, pequeña. Adoro cómo te ríes... y cómo me besas. Vamos, dame la mano, seamos libres.

17.11.11

Cuando cae la noche.

Una noche más salí a la calle con el particular sigilo que siempre me había caracterizado, aunque me entristecía (y mucho) decir, que no era un sigilo del que yo fuera artífice. Era un sigilo del que los demás me hacían propietaria ignorando mi presencia, sufriendo de sordera cuando hablaba o helando sus corazones cuando yo necesitaba un hombro en el que derramar mis lágrimas. Ni que decir tiene, que me había endurecido y ya apenas lloraba o requería de la compañía de otros.

Pero unas cuantas noches al mes, no sabría decir exactamente la cantidad, una sombra me esperaba en la esquina de la calle del portal en el que yo solía instalarme para no pasar demasiado frío en invierno. La oscuridad de la noche le proporcionaba un dulce anonimato (¡casi tan dulce como su voz!) y hacía del brillo de sus ojos algo felino cuando la luna se dejaba ver en lo alto de aquella maraña negra llamada Universo. 

Mientras la ciudad dormía, nosotros compartíamos sueños de cristal de esos que sueltan frágiles destellos cuando sólo las estrellas están mirando. Nuestros susurros se intercalaban con la brisa jugueteando con nuestras palabras a su paso. Y nuestras risas... nuestras risas volaban libres en todas direcciones, llenas de vida, de ganas, de ilusión, de amor...

Son esas noches las únicas que valen algo para mí. Las únicas en las que siento algo distinto de la indiferencia o el dolor. Son esas noches las que me hablan de lo que nadie me habló: la felicidad. Y son esas noches las que me afirman y reafirman que jamás encontraré a nadie por quien pudiera dar la vida como lo haría por ese muchacho escondido entre sombras que siente, ríe y ama del mismo modo que yo.