26.7.12

Al mejor postor.

Gritó cada palabra que había dentro de su ser y no hubo un pincel, un acorde o una claqueta que le dijera que no. Se le desgarró el corazón entre las manos y cayó cada punto y cada coma; cada verso y cada rima. Explotó los tímpanos del mundo callando lo que escondían las yemas de sus dedos y ocultaban sus párpados de primavera. Fue su último suspiro el mayor candado de las ruinas de un cuerpo vacío que se negaba a admitir su existencia. Había vendido su alma, sí, y el efectivo había sido el sentir. El modo de pago se adivinó en precarias ficciones que tallar en maderas de fácil gemir.

Todavía resuenan sus verdades calando su tinta en algún papel, y sus mentiras brillan dolidas en el membrete de una carta que arde sin destino y se firma con el mar que lo vigila.

Había vendido su alma, sí. Y el efectivo había sido el sentir.

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