5.8.12

El asesino...

Nada estaba como en su memoria. Nada estaba como lo había dejado, y de hecho, la primera culpable de todo aquello habían sido ella y su corazón de carbón.

Cuando volvió a posar sus pies sobre el olvido, digamos que su única presencia no era sino un recuerdo más, como las sillas vacías o los silenciosos peldaños de las escaleras. El problema era que ella dolía. Cada latido resultaba un martillazo a los ya de por sí débiles cimientos del respeto. Y digamos también, que si bien se sentía poderosa y reina de un destino, toparse de frente con la chimenea la hizo de nuevo esclava de sus actos y protagonista de un futuro vacío.

De repente, como un soplo de verano, perdió toda conciencia y el pasado le brindó escenas en sepia y calor. Mucho calor.

Vio unas manos.

Oyó un alarido.

Y sus propias carcajadas le taladraron el sinsentido.

Antes de que se diera cuenta se encontró sola, palpando a ciegas en busca de una voz perdida, y se tropezó con una superficie tan sucia como su atormentada existencia. Se dejó las uñas, las yemas y los nudillos en arañar... ¿quién sabe? ¿Un perdón? Pero no tuvo que suplicar durante mucho tiempo más.

No.

Las llamas llegaron primero. Y ésta vez vio sus brazos, oyó sus gritos, y escuchó mis carcajadas.

...siempre, siempre vuelve al lugar del crimen.

Propiedad de Samkale Bellacrux.

1.8.12

Llenar.

Llenar de poesía rincones vacíos, rincones sin risa,
y llenar con tu risa momentos vacíos y hacer poesía.

Llenar todo un verso con el sabor de tus besos y hacerlo sin prisa,
y con prisa buscar tu mirada, inventar otro verso y hacer poesía.

Llenar de latidos silencios hablados como una manía,
y convertir en manía rimar corazones y hacer poesía.

Llenar de poesía canciones que un día nos dieron la vida,
y cantar nuestra vida entre suaves acordes y hacer poesía.